sábado, 7 de agosto de 2010

Aventuras

…preguntas a quien amo, en esta abierta brecha

¿Aventura o bienaventuranza?

en la sangre arterial

viciada espléndida…

rutilante

mercurio que da su incierto linde

al deseo;

¿al deseo …y a la luz violenta quicio de la puerta música en los goznes vértigo de la extinción ya última…?

¡ Agrios arbustos fieros perros

ya mortifican la plenitud del bosque que con su humedad invita

a carne

y voces

y a la hoguera del cuerpo!

¿Cómo puede fecundar en tu frente

la dulce abolición de toda penitencia…?

…o, acaso, en esta brecha

sus flores el temblor

sagrado tañe, arrogante, en espera…

Oscurece.

¿Cómo arder pudiera

lumbre tu carne

fragor

fragor

fragor inmenso…

y prevalecer a toda soledad?. Inmenso día.

Carlosmamonde©

domingo, 6 de junio de 2010

MINIMALISMOS DE LOS 2 QUE AMAN

Cama de placer hollada

El suave tacto de algodón de mi sábana portuguesa

rescata la Historia de los hechos

loables y fallidos y mortales. Y por ello

puedes husmear la linde de mi reino, su albura,

la virgen estatura de mi almohada…

pero no te resistas al mal ni

te asombre, desnuda, la costa acantilada de mi pecho.

Lógicamente

Un gramo de oro en la saliva amarga

destruye amarga la palabra verde

de una extraviada / amada

dime, muchacha, ¿ocultas en tu seno

un corazón piadoso o el dolor cicatriz de una caricia

demente?

Estos problemas demasiado centrales

desconciertan al sol en su maduro espanto...

Tímidas certidumbres

¿Existe acaso

en el futuro perfecto de un exhausto silencio…

cariado sueño

de ambos en coyunda:

coito de 2 que encallados navegan hacia las bocas del desvanecimiento?

¡Que sucumba de los 2

la tumba!

y…

a su lenguaje aterrador el tiempo se abra:

¡corola ya quemada y

rosa, de nada degradada…!

© CarlosMamonde.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Doma del sueño

Eran isleños, de la Gran Canaria. Y eran hermosos, jóvenes y plenos de esperanza y certidumbres. Habían iniciado su luna de miel hacía dos semanas, al comienzo de la primavera. En el puerto de Cádiz alquilaron un coche y viajaron siempre hacia el norte; y al albur dormían en ciudades con las que siempre habían soñado.

La noche del jueves arribaron a Madrid, exhaustos y felices y descansaron en un íntimo hotel de la escondida plaza del Conquistador Diego de Ordaz. Se amaron con dulce humedad y ardor en el silencio de la noche de Chamberí.

Hacia las tres de la madrugada, Almudena despertó asustada por los gemidos de Jaime. Dormido, sufría intensamente. Su corazón latía como una bestia en el pecho y su respiración cantaba como el mar en la playa de Maspalomas. Cuando logró despertarlo, restañó como pudo aquel dolor con sus besos. Pero no logró que Jaime le contara su cruel sueño.

-¡...pero si sólo ha sido una maldita pesadilla, mi niña!-. Se excusaba Jaime, anonadado.

Esa mañana desayunaron en un antiguo café de El Paseo del Prado. La joven insistió por enésima vez, rogándole el relato que la intrigaba. Y el esposo asintió, al fin, enfatizando en que sólo retenía fragmentarias imágenes oníricas.

- Hacia medianoche, soñé que tú te levantabas, sigilosa, y abandonabas nuestra habitación del hotel. Desde la ventana, cuando salías a la noche, vi un coche oscuro en que te aguardaba un hombre pelirrojo, más joven aún que tú misma, y con un tatuaje en un hombro donde ponía unas letras ilegibles. Y unos signos nauseabundos. Y vi como el coche afrontaba el rumbo del noreste, por la carretera de Barcelona. Atónito ante el cristal de la ventana, yo podía seguir vuestro itinerario a cada instante; los faros amarillos en una noche de lobos.

A la altura de Guadalajara, abandonaron la autopista; primero hacia el noroeste y después francamente hacia los pueblos del norte de la Alcarria, corriendo por estrechos y oscuros caminos, entre el olor dulzón de los campos de maíz y las sombras enhiestas de los chopos de tinta y los cercanos peñascos de arenisca roja...

_...pero, Jaime, mi amor, si yo jamás he estado en Guadalajara-, balbuceó absurdamente ella.

-Vi como el pelirrojo conducía con una mano y cómo, con su diestra, te acariciaba el cuello y bajaba hasta la curva de tus pechos, apenas cubiertos por la camiseta con que te echas a dormir...; vi como abandonaban el coche en una ribera de hierbajos altos, allí cerca de Espinosa, donde el Alberche y el Henares conjugan el frío y la amargura de sus aguas negras...; vi como ambos vadeaban dificultosamente la corriente rumorosa, corriendo hacia un altozano que parecía aguardarles entre los chopos afantasmados...; y allí pude ver cómo el cuerpo del pelirrojo se echaba excitado sobre tu cuerpo claro...pero entonces tú te libraste de ese abrazo y regresaste hacia el río...y ya no sé si era porque querías continuar allí esos juegos o porque buscabas la muerte en esas aguas...

- Jaime, Jaime... ¿es que acaso me celas...?-.

- ¿Es que, acaso, Almudena, tengo algún motivo para ello...?-

Y, entonces, la novicia esposa sintió el borbotón de un agua amarga que le subía de las entrañas a la boca. Y casi saltó de su silla en el café y corrió hacia el baño.

Y allí, desmadejada y temblorosa por el llanto, en el centro del frío de aquel cuartucho siniestro, comprendió oscuramente que habían derivado hacia una asfixia que ni los primeros besos en las islas, ni los rituales tranquilizadores del sacerdote, ni la ternura de los cuerpos entregados, les habían permitido llegar siquiera a presentir.

© carlosmamonde

martes, 27 de abril de 2010

Tu materia terrible

Ya todo se ha vivido y la ebriedad del alba

rezuma su silencio domado de vacío.

Eres fruto terrible de lo maravilloso;

aunque bocas de sombra murmuran al oído:

no ocultes ya tu ojos a la caída y piensa

que si una extraña tuvo el fulgor de tu historia,

amó el agua de pena no el viento de tu risa...

y ausculta tu reflejo como auscultas la sístole

que es la noche en tu noche y apacienta tus días...

Ya todo se ha vivido y la ebriedad del alba

rezuma su silencio domado y casi ciego

en las casas vacías de los nombres perdidos;

que quemaron su escándalo y albricias de frescura

y nubes de sus senos...

y huesos musicales,

su emocionante gloria:

hoy apenas arena entre hiel y rutina.

Eres fruto terrible de lo maravilloso:

consuela los vestigios de lo sido y lo tibio;

de la vana promesa, del eco de los sinos...

que derrotan del sueño su falsía y su fuego...

jueves, 22 de abril de 2010

1 poema de Teuco

March 21, 2007

Subject: FW: poema de leopoldo "teuco" castilla dedicado a carlos ...

SENTIDOS

Para Carlos Mamonde

El olfato sale y vuelve con una casa

con una lechuga, con un velorio;

y el oído llega con un alma en pena

con hierba creciendo

o con la sensación de Dios;

el gusto va al sexo

y trae una tumba en el agua,

al asado y trae el ruido de la manada de hombres

acampando, antes, mucho antes de que nazca el lenguaje

Por eso ningún sentido hace las cosas

con sentido

ningún sentido cree

pero somos racionales: el ojo ve, el oído oye

el tacto toca

cuando en realidad hacen esas cosas

después que han hecho todo lo que tenían que hacer

recién entonces nos tocamos

nos separamos

nos acordamos de nosotros

Leopoldo Castilla

domingo, 28 de febrero de 2010

QUE NO SE CULPE A NADIE

Juan García Ponce se graduó brillantemente en Física de los Estados Sólidos y Mecánica Cuántica en la Universidad de Buenos Aires durante la primavera de 2008. Tardó tres años más en proyectar y escribir su tesis doctoral:

-“Creo poder probar que los agujeros negros y la antimateria son un fallo de la mente de Dios en el momento de la creación; y todo a causa de una pasajera crisis de stress de Su Verbo...algo que los teólogos ni siquiera pudieron llegar a sospechar, por cierto..”.--, le confesó al atónito doctor César Frog, su sexagenario Director de Tesis, mientras tomaban un café solo y con sacarina en el barcito El Tropezón, de la avenida Las Heras al 4500, un jueves último de mayo, hacia mediodía, hora ya casi cálida por esas fechas...

Aquella mañana fue la última vez que se lo vio, vivo o muerto. Porque “desapareció” sin dejar rastros –y todo ello, (conste)...pese a que la democracia ya estaba reinstaurada desde hacía algunos años en la república-.

Nadie en el edificio, ni en el tranquilo vecindario, escuchó gritar a García Ponce, ni testimonió secuestro alguno, ni denunció formalmente su pérdida. La Policía Federal, desplazada a casa de la víctima por culpa de unas sudorosas pesadillas del casi anciano Dr. Frog; sólo encontró la sombra del cuerpo de García Ponce,...sombra como tatuada en la alfombra de su departamentito del barrio de Caballito: los hilos de esa alfombra estaban chamuscados y dibujaban el perfil del cuerpo ausente; como ocurre, acaso, después de una exposición a una altísima temperatura y lo único fuera de lugar era una insólita imantación de enorme fuerza en todas las cucharas, tenedores, cuchillos, tijeras, alfileres, botones metálicos, las vigas de hierro de la casa, ventanas de aluminio, monturas de las gafas, las llaves del Citroen viejo, las hebillas roídas de los cinturones, todos los bolígrafos, un corta uñas mellado, marquitos de fotos, cierres de cremallera de toda la ropa, monedas de valor escaso, picaportes de todas las puertas, tuberías del agua y de la luz, cubetas de hielo en el ‘freezer’, los falsos tallos de una flores de tela roja y añil y verde, un reloj pulsera con la esfera desleída, el termómetro clínico en el cuarto de baño -con el mercurio que había saltado en chorros como una efusión de esperma sobrehumano-, todos los clavos de todos los muebles y todos los cuadros y todas las mediasuelas, una insólita pinza de depilarse, seis latitas de sardinas vacías de sardinas, la cadena del inodoro, una copia de la Estatua de la Libertad souvenir de USA, una crucecita de plata, la armazón de un corpiño fucsia de una amante olvidada, alfileres de gancho, la emplomadura de las muelas del ausente, una mesita baja de cristal y bronce, un teléfono negro de pared –como un bicho extraterrestre ahorcado-, todas las nervaduras de aleación del cubo de la pecera –con sus peces ya eternamente ciegos-, la tele desenchufada y encendida y transmitiendo un partido de Boca de la temporada mil novecientos veinte y siete, una medalla bendita del beato Mamerto Esquiú, las patas en garra de león de la bañera de hierro dulce, la computadora desconfigurada para siempre, el teclado que daba calambres en los dedos, el arpa de un piano viejo que vibraba en sordina sin que nadie abriera las partituras huérfanas...

© CarlosMamonde.

miércoles, 10 de febrero de 2010